Escuelas de ayer y hoy

El fin de semana pasado llevé a mis sobrinos al parque y como está cerca de casa, decidimos caminar, para hacer ejercicio y no usar tanto el coche. De camino, pasamos por una calle que me resultaba más que familiar, pues era la calle de mi escuela primaria. Sin embargo, algo había cambiado y fue hasta que vi una inmensa manta, anunciando una venta de muebles escolares, cuando advertí de qué se trataba… ¡Habían cerrado mi vieja escuela!

escuela-cerrada

No pude evitar un gesto de tristeza, que mis sobrinos notaron inmediatamente. El mayor de ellos preguntó qué tenía y entonces, en un auténtico rapto de nostalgia, no falto de cursilería, empecé a contarles que ahí estaba mi escuela y que dentro de los muros de aquel añoso edificio había pasado algunos de los días más felices de mi infancia (aunque entonces batallara para levantarme temprano y contara los días para el fin de semana o las vacaciones).

Aunque bien educados, como son, escucharon mi diatriba muy atentos, los dos niños me miraron con cara de “What?” e hicieron su mejor intento de consolarme con un “Bueno, ya tío, vamos por helado”. Entonces recordé; mi hermano y mi cuñada, después de mucho investigar y platicar, optaron por el moderno sistema del homeschooling para educar a sus vástagos; así que los pequeños poco o nada entienden de salones, corredores, pupitres o juegos en el patio.

La educación en el hogar es una modalidad de reciente implementación en México, pero que ya está normalizada y tiene numerosos adeptos. Ante la precaria situación del sistema público, el encarecimiento de la educación privada y la proliferación de “escuelas patito”, la enseñanza en casa se ha vuelto una opción viable para los padres de familia que quieren dar la mejor formación posible a sus hijos y además disponen del tiempo, los recursos y la disciplina necesarias para encargarse del proceso educativo de los niños.

homeschooling

Aunque debo reconocer que mis sobrinos son dos niños perfectamente sociables, alegres y sanos y adelantan a otros pequeños de su edad en lo que a conocimientos y habilidades se refiere, la verdad es que el homeschooling no es un sistema que me hubiera gustado vivir, ni tampoco uno que yo elegiría, en caso de que un día tenga hijos. Admito también que hablo sólo a partir de mi experiencia, pues mucho de lo que aprendí en la escuela, desde la primaria hasta la universidad, lo debo tanto a los compañeros, como a las diferentes formas de convivencia que la escuela y sus instalaciones propiciaban.

Cuántos exámenes y tareas no resolvimos en los pasillos, a toda prisa y no siempre de manera muy “legítima”; pero entre acordeón y acordeón íbamos aprendiendo. También recuerdo los problemas de trigonometría que resolvíamos con gises en el patio y las obras de teatro en inglés que ensayábamos en salones vacíos o en canchas de futbol que no se ocupaban. En fin, que la enseñanza y el aprendizaje no sólo se daban en los salones, sino en todos los espacios que la escuela propiciaba para adquirir distintas experiencias.

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